Mi Ono-Sendai

Llevaba desde verano pensando en comprarme un netbook para estas fechas. Es más por capricho que por necesidad real: el tener una máquina en vacaciones o cuando me vaya por ahí con la que matar el mono. En casa uso el sobremesa y bien contento que estoy con él (y qué pronto se acostumbra uno a los 1680×1050). El caso es que se acercaba la fecha navideña y no encontraba un modelo aceptable. Se juntó esto con la misma pretensión de Menxar, e idénticos requisitos que descartaba casi todo el catálogo disponible (y mira que hay cacharritos) de ultraportátiles.

Básicamente, que nos permitiera reproducir anime. Y aquí la liamos, porque el mundo del fansub va, técnicamente, abriendo camino y ahora empieza a llevarse el Blu-Ray Rip con sus malditos 1080p, y eso no es tan fácil de mover. En los ultraportátiles, nos suponía tirarnos a la plataforma ION de Nvidia, por aquello de tener decodificación de H.264 por hardware, y eso subía un montón el precio. Y reducía enormemente los modelos disponibles, si conseguíamos encontrar alguno. Salía mucho más económico tirar hacia un portátil grande o un portable, con la ventaja añadida de tener un ordenador de verdad. Los portátiles pequeños siempre han sido de gama alta, demasiados para el bolsillo.

Entonces, Menxar descubrió el Acer 1810TZ. Un portátil barato de 11.6”, ligero, de gran autonomía, y con capacidad para decodificar H.264 mediante su tarjeta gráfica Intel 4500MHD integrada, incluyendo una salida HDMI para aquellos que tengan una tele en condiciones y se acuerden de ello. Así que ella se lo pilló primero y yo, una vez hube comprobado que no daba problemas (el test: reproducir sin saltos el primer capítulo de ef – a tale of melodies versión Nanikano), también, convirtiéndose en mi Ono-Sendai portátil para vacaciones y extracciones y black operations varias.

El pequeño lleva un procesador Pentium de bajo consumo y doble núcleo, 3GB de RAM DDRII 667MHz, a compartir con el vídeo, y un disco duro de 220GB binarios, descontado ya la partición de rescate (250GB decimales en total), tiene un bonito y sencillo diseño y unos cuantos detalles muy interesantes: pantalla led, teclado grande, touchpad multi-touch, batería de 6 celdas, la salida HDMI que comentaba antes… Lleva un sistema operativo de verdad, y no el juguete de la Starter o el obsoleto XP. Trae, y eso me ha sorprendido, la versión 64bits de Windows 7 Home Premium, lo que me ha llevado a temer algunos problemas con la reproducción de vídeos. Sin embargo, no ha sido el caso: la última versión del Matroska Splitter trae soporte para 64bits, Media Player Classic – Home Cinema tiene versión para 64bits y el DXVA ha funcionado perfectamente. Es, en todos los aspectos, un portátil de gama baja, un equipo limitado (el evaluador de Windows 7 le da un 3.2 por la tarjeta de vídeo, pero hasta el procesador puntúa por debajo de mi Pentium D Presler de sobremesa), pero que ofrece mucho más que un netbook a casi el mismo precio.

El único problema que ha dado el portátil ha sido el esperado y común a todo equipo de marca con sistema operativo preinstalado: la mierda que traen. Me ha llevado mi tiempo decidir qué era necesario y qué no, y desinstalar o deshabilitar esto último. Y luego instalar mis cosas: aplicaciones, códecs, gadgets, temas, configurar la búsqueda, el plan de energía (¡que me hibernes, leches, y la wi-fi ni la toques!); poner varios servicios en arranque manual (IIS, SQL Server, y otras cositas que he instalado, aunque en el sobremesa tiro más de máquinas virtuales).

Bueno, miento. El equipo ha dado otro problema puñetero, también cortesía del fabricante: crear los discos de reinstalación, ya que el pequeño viene sin unidad óptica (normal, dado el tamaño) y los de Acer no se han currado una utilidad que cree unos archivos ISO o algún otro medio de reinstalación. Pero de eso hablaré en otra ocasión.

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