Solo es un gato

Es tremenda la indefensión que sufrimos con Internet. La noticia me llena de espanto y quiero creer que en España, con nuestra Agencia de Protección de Datos, tal cosa no pasaría o, por lo menos, al tipo en cuestión lo crujirían vivo (y a cierta prensa, de paso). Pero en el Reino Unido las cosas funcionan de otro modo. Cualquier mención a introducir un carné de identidad es visto como un terrible atentado contra la intimidad de las personas, sacar fotografías a edificios y monumentos por parte de los turistas, como un posible acto de terrorismo y el servicio de Google Street View es ambas cosas. Pero un tipo puede poner cámaras en su casa grabando la calle, colgar parte de esas grabaciones en Youtube y destrozarle la vida a una persona, que ahora se ve amenazada de muerte, debe llevar escolta policial y se encuentra marcada de por vida. A ese vídeo (y gracias a él) le siguió su nombre, dirección, teléfono, correo electrónico, perfiles en redes sociales… Algo terrorífico, un atentado contra la intimidad impensable en otra época.

Y, mientras, la gente mirando para otro lado, embobados con la historia de un lindo gatito (¡es cierto, es cierto, es un lindo gatito!), sin darse cuenta de la burrada de la situación y de que las autoridades siguen mirando para otro lado. Esto lo ha hecho un tipo cabreado y con ganas de venganza y la típica turba que se suma al linchamiento sin pensar, esa turba que tan bien retrató Fritz Lang en Furia. Y lo hacen las empresas y lo hace el estado. Y nosotros seguimos poniendo la cama.

Da miedo.

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