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Mis andanzas con el nuevo sistema operativo para móviles de Spectra

Dos semanas con W10 Mobile

Así, sin darme cuenta, ya llevo dos semanas con W10 Mobile. El resultado ha sido interesante y agradable, hasta el punto que, de momento, no veo razones para volverme a Windows Phone 8.1. Bueno, siendo sincero, haberlas haylas, pero las razones para quedarme en W10 lo equilibran.

A saber:

  • La batería me dura lo mismo o más. Había leído muchos comentarios avisando de lo contrario y esto ha sido toda una sorpresa. En modo nocturno me gasta menos que WP8, así que llego a los dos días completos entre cargas o más con un uso ligero y día y medio con un uso normal (normal para mí, esto es, algo de mensajería, mucha recepción de correos, algo de navegación vía wi-fi y echar algún vicio).
  • Sin quejas sobre la cámara, otro tema habitual. No era capaz de sacar una foto que no apareciera movida antes y sigo sin ser capaz de hacerlo ahora.
  • Facebook Messenger es una patata, pesado en abrir, voraz de recursos si se queda abierto y sin posibilidad de notificaciones en la pantalla de bloqueo.
  • Me estoy pegando con Cortana y con el teclado más que antes. No sé si es por el reseteo del teléfono o porque es inferior a WP8, la verdad.
  • Y esto probando el modo de cuatro columnas, que para la pantalla de un Lumia 640XL es una muy buena opción.

Y otras cositas de aquí y de allá. Seguimos con las quejas de la falta de aplicaciones, pero, la verdad, salvo que necesitemos algo en las notificaciones o información extra en la Tile, sigo pensando que es mejor tirar de web. Y el futuro parece ahora que no pasa por las tiendas de aplicaciones y las app limitadas y que podemos usar sólo cuando el dueño quiera, sino en los bots (tampoco lo veo, la verdad).

Actualizando a Windows 10 Mobile

Tras Windows 7 y Windows 8, Windows 10 ha sido un poco como una vuelta al pasado. A los tiempos de 2000, XP y Vista, cuando la combinación de la versión inicial del SO y los drivers nos dejaba con un ordenador inestable y dado a hacer cosas raras y no nos quedaba más remedio que esperar a los futuros Service Packs. La primera versión de Windows 10 utilizable “en producción” fue realmente la actualización de noviembre de 2015.

El desarrollo de la versión para móviles ha ido más lento, con promesas incumplidas y un sistema en eterna beta que ha terminado cansando a los defensores de Windows Phone 7/8, hasta el punto que pocos son ya los que se atrevan a recomendar la plataforma de Microsoft. Con el lanzamiento de la Anniversary Update este verano parece que las cosas van avanzando y ya se ven algunas (tímidas y escépticas) opiniones positivas.

Aprovechando los últimos días de vacaciones y espoleado por estas opiniones, decidí actualizar mi móvil, un Lumia 640 XL, a Windows 10. Instalé la aplicación Upgrade Advisor, me ofreció la Anniversary Update y actualicé. Antes hice copia de seguridad de todo, of course.

La actualización no dio problemas, pero luego el teléfono iba a tirones. No sé si por problemas por la actualización o porque estaba instalando actualizaciones de las aplicaciones o porque necesitaba tiempo para asentarse, tampoco le di opción. Había leído en varios sitios que aconsejaban realizar un hard reset (restaurar a valores de fábrica) tras la actualización y así lo hice. Un coñazo, hablando mal y pronto, igual de doloroso que hacerlo en un ordenador: horas de instalar aplicaciones, configurar y dejarlo todo al gusto. Por delante tengo un par de semanas de pruebas, a ver si me quedo en W10 o me vuelvo a la 8.1

De momento lo que me he encontrado es lo siguiente:

  • Es estable y funcional. Es decir, no tenemos ya una beta entre manos. Tiene detalles muy interesantes, como un centro de notificaciones muy completo (que requiere configurarlo con calma para que no nos agobie), un cliente VPN en condiciones, linterna de serie… Visualmente habrá a quién le guste y habrá quien prefiera WP8.1, pero las carpetas-tiles tienen una peor visibilidad y presentan un error si metemos un grupo de contactos en una carpeta: saldrán cuadros negros. Y ahora puedo tener hasta cuatro columnas de ancho normal en pantalla.
  • Tiene algunas carencias absurdas. La aplicación Gestures Beta no funciona (aunque en la tienda diga que sí). W10 trae ahora de serie el dar la vuelta para silenciar la llamada, pero hemos perdido el descolgar automáticamente al llevárnoslo a la oreja o la activación automática del altavoz. También ha desaparecido la aplicación de la radio. Sí, esa simple y funcional. Ya sabíamos que Microsoft quita funcionalidades cuando mete otras, pero esto ya es estúpido.
  • Adiós a las aplicaciones de Here, aunque eso ya lo sabíamos.
  • Facebook es cada vez más celoso de la privacidad… de la suya, no de la nuestra. Su nueva aplicación, que sustituye a la desarrollada por Microsoft, ya no se sincroniza con la aplicación de Contactos. Por fortuna, aún tengo la de Microsoft, ya veremos lo que dura.
  • Contactos permite ligar tanto cuentas de correo como aplicaciones sociales. No sé qué tal funcionará esto último, porque ni uso Twitter, ni VK ni no sé qué red china, que son las aplicaciones que aparecen. De paso, hemos perdido la sincronización con LinkedIn.
  • Hablando de Contactos, la aplicación trae ahora sincronización con la aplicación de chat grupal GroupMe (de Skype, no la conocía). ¿Un intento de resucitar las Salas tan cómodas de Windows Phone 8?
  • La sincronización de notificaciones del teléfono al ordenador me ha sorprendido. Que me llegue un aviso con el último whatsapp al ordenador cuando el teléfono está cargándose allá lejos está muy bien. Me permite decidir si moverme del sillón o no.

En general me gusta W10 Mobile. Recupera ideas de teléfono social que aparecieron en WP7 y 8 y desaparecieron en 8.1 (no creo, sin embargo, que se desarrollen plenamente, porque requiere de terceros que hagan su parte, y no veo yo a Facebook o a Google interesados en facilitar la vida a los usuarios en nada que no sea dentro de su propia red).

Ahora, a probarlo un par de semanas, en el día a día, a ver qué tal responde.

Windows Phone, un bonito sueño

Hace tres años ya me hice con un HTC HD7 con Windows Phone 7. Fue mi primer smartphone moderno y sus bondades me hicieron olvidar rápidamente mis preocupaciones sobre privacidad y esas cosas. Me duró menos de dos años: la placa empezó a fallar y el servicio técnico pasó de mí porque, al haberme tocado en un concurso, no tenía factura. Lo sustituí por un Nokia Lumia 620 con WP 8 y seguí más feliz que unas castañuelas. Mi señora también pasó a WP al jubilar su viejo Nokia con Symbian. Supongo que tanto tiempo pegándose con Android en el curro le hizo querer algo cómodo y que funcionase.

Y es que, frente al sistema orientado como plataforma de aplicaciones de Android, en la que ir en montado en un teléfono sólo era algo circunstancial, Windows presentaba un sistema pensado para ser una herramienta de comunicación: la aplicación de contactos permitía unificar contactos de múltiples fuentes (Hotmail/Outlook, la tarjeta SIM, Facebook, LinkedIn) y, desde ahí, seguir sus publicaciones (y dejarles comentarios), enviarles correos, llamarles (obvio) y mandarles mensajes. Para esto último, la aplicación de mensajería permitía usar SMS/MMS, Messenger y el chat de Facebook, teniendo una única conversación por contacto y pudiendo cambiar entre los distintos tipos de mensaje en cualquier momento (que no está conectado por Messenger, pues le mando un SMS, y así). Podía anclar contactos o grupos de contactos a la pantalla de inicio y ver si tenía correos, mensajes o llamadas pendientes y su última publicación en redes sociales. Podía comunicarme rápida y fácilmente sin preocuparme del cómo.

No era perfecto: no se podía seguir las publicaciones en grupos de Facebook ni chatear en grupo, aunque yo esperaba que eso se terminara añadiendo, así como soporte para más redes sociales. Luego este verano llegó la actualización 8.1 y desperté de mis sueños.

Ahora, Mensajes sólo sirve para mandar SMS/MMS. Si quiero mensajería de la mano de Microsoft, hay que usar Skype, que para eso se gastaron una pasta en comprarla. Pero en lugar de agregarla a la aplicación de mensajería, tengo que instalar su propia aplicación, que no sigue el diseño de Windows Phone, tarda un montón en abrir y no puedo hacerlo desde el contacto con el que quiero hablar. Con Facebook, igual: se acabó el comentar publicaciones desde la ficha del contacto, toca abrir la aplicación de Facebook. Y para mensajes, usar la propia aplicación de mensajería de Facebook, que se pasa el diseño de Windows Phone por el forro, tarda un montón en abrir y a la que no puedo acceder desde la ficha del contacto con el que quiero hablar. Al final, la única aplicación de mensajería que mantiene el aspecto minimalista de WP es la de WhatsApp, que en las últimas versiones abre bastante rápido, pero que tampoco se integra en la aplicación de contactos.

Es decir, ahora para mandar un mensaje a alguien tengo que pensar primero qué protocolo usaré (Skype, SMS, Facebook, WhatsApp…) para luego ir a la aplicación correspondiente y buscar en ella al contacto (que puede perfectamente tener un nombre distinto en cada una, sí así quiso). Si quiero seguir, digamos, por Skype una conversación que empecé por Facebook, más me vale tener buena memoria, porque no puedo simplemente remontarme en la conversación y verlo. Sin contar con que ahora necesito tener todas esas aplicaciones instaladas.

En fin, durante tres años tuvimos un sistema operativo para móviles pensado para el usuario y sus necesidades de comunicación y no como mera plataforma donde instalar aplicaciones. Fue bonito mientras duró.

He leído por ahí que con la actualización 8.1 Windows Phone se ha puesto a la altura de Android y de iOS. Me pregunto si de verdad hacía falta dar este salto atrás para rapiñar cuota de mercado.

En las garras del mal: Windows Phone

Estos días pasados me he hecho, by my beautiful face™, con un móvil nuevo con Windows Phone 7. Hace un tiempo comenté que pensaba hacerme de uno, pero que su falta de sincronización directa me hizo descartarlo. Con el tiempo, este descarte quedaba aún más obligado al no poder ver en directo un cacharro con el nuevo sistema de los de Redmond: está muy maltratado por las operadoras y las tiendas de telefonía. Supongo que cuando lleguen los modelos de Nokia lo veremos más, que los hierros finlandeses gozan de gran predicamento por estos lares.

Tengo móvil nuevo, decía. Un poco triste el sacarlo de la caja: el anterior que tuve, un Touch del mismo fabricante, venía en una caja negra de cartón duro y cierre magnético que aún conservo, con protector de pantalla, manual tocho, una buena funda y puntero de reserva. El nuevo, más grande y más caro, viene constreñido en una caja barata, con guía rápida y poco más. Tristes nuevos tiempos.

El cacharro es un señor cacharro, aunque no le pueda colgar la llave del Lancelot que llevo en el Touch. Mueve con soltura lo que le han metido, el nuevo invento de Spectra para dominar los móviles, después de que la malvada cool Apple cambiara las reglas hace ya su buen tiempo con el ay!fon. El mal aprende del mal y nos hace firmar un pacto con la manzana (iba a decir con el diablo, pero aquél se conformaba con el alma) limitando muy mucho lo que podemos meter en el sistema y cómo. En la semana que llevo con el cacharro ya hay algunas cosas que echo de menos del viejo, venerable y obsoleto Windows Mobile/CE.

Pero los sistemas como Mobile o el mismísimo Symbian se han quedado viejos. Ahora que vivimos (o vamos camino de vivir) en la nube (siempre que no nos preguntemos dónde están nuestros datos, no sea que nos dé un soponcio) y consumimos servicios en la nube y, en general, es moda no tener los pies en el suelo, estos viejos sistemas que nos daban el control sobre lo que sucedía en nuestro móvil se extinguen, apartados a puntapiés de la carrera evolutiva. Pasamos a darle el control de nuestro móvil a la operadora si nos daba un buen cacharro y un servicio medio decente. El siguiente paso ¿lógico? era dar el control total al fabricante. Así, leo en multitud de sitios que a Windows Phone le hace falta una buena tienda de aplicaciones, no el poder instalar esas aplicaciones sin tener que pasar por la dichosa tienda, y cosas así. Horror de los horrores. ¿Adónde hemos llegado?

En fin, podía hacer oídos sordos a los cantos de sirena de los tres diablos (el cool, el malomalo y el buenobueno) y seguir con mi viejo cacharro (SCUMMVM al poder), o pasarme a un Symbian. Pero el problema es que, aunque fui fuerte y resisit la tentación cool y la buenrollista, he terminado probando la opción maligna der tó. Y resulta que la maldita es buena de narices. Y las preocupaciones y quejas que tenía de antes (no sincroniza con Outlook, no deja instalar aplicaciones si no es a través de su tienda de aplicaciones, ¿qué pasa con mis datos?…) han pasado a un discreto segundo plano.