En caso de desastre del copón, la opción que tenemos en un equipo de marca con Windows preinstalado suele ser devolver al equipo a su estado de fábrica mediante la partición de rescate o los discos que hayamos creado a partir de ella. Esto supone perder nuestros datos (bueno, vale, como somos previsores los habremos sacado antes a un disco externo o algo así) y, la parte terrorífica: tener el equipo como cuando lo compramos, con toda la basura y todo el trabajo por hacer.

Si por algún raro casual el fabricante nos ha dado el disco de instalación de Windows (cada vez más raro), o por la razón que sea (equipo clónico comprado en tienda, Windows comprado o adquirido aparte) lo tenemos, podemos intentar reparar la instalación, reinstalar, formatear y reinstalar… Pero como ahora mismo, que lo que más se compra son equipos de marca, no es el caso habitual, no entraré en ello. De todas formas, salvo en el primer caso, tendremos que reinstalar todo de nuevo (instalar un sistema operativo, ya sea Windows o Linux, es un verdadero suplicio) y habrá que poner nuestros datos a resguardo antes de hacer nada.

Teníamos otra opción, más cómoda: crear una imagen del sistema, una copia exacta que podríamos restaurar en breve tiempo, de forma que tendríamos el equipo exactamente igual que el día que hicimos dicha imagen. Estas imágenes se hacían y se siguen haciendo con aplicaciones de terceros: Norton Ghost, Acronis True Image, Partimage… El problema de estos programas es que suelen ser de pago (el único que conozco gratuito es Partimage y nunca he conseguido hacerlo funcionar con particiones NTFS). El problema añadido ahora (y eso no puede evitarse) es que las imágenes nos van a salir bien grandes: ¿cuánto ocupa nuestra unidad de Windows? Entre Windows, aplicaciones y datos, un buen número de gigas, sin duda.

El problema del tamaño siempre lo vamos a tener ahí, pero con Windows 7 disponemos de una forma barata (es una utilidad del propio Windows) y sencilla de hacer y restaurar copias de nuestro sistema y que, francamente, resulta ideal en equipos donde no tenemos posibilidad de instalar de nuevo Windows, sino de devolverlo a su «estado de fábrica». Para realizar esta recuperación de nuestro sistema necesitaremos tres cosas.

1) Un disco de reparación del sistema.

2) Una imagen del sistema.

3) Una copia de seguridad de nuestros datos.

El disco de reparación lo haremos al estrenar equipo y lo dejaremos guardado por ahí. Si llegado el caso no lo tenemos, podemos hacerlo desde cualquier otro Windows 7. El proceso les sonará a los más veteranos: es como hacer un disquete de inicio en Windows 98 y similares.

La imagen del sistema es una copia de nuestro sistema, con sus aplicaciones y configuraciones. Será grande, por lo que necesitaremos algún disco duro (un disco duro externo, por ejemplo) donde guardarla. La haremos una vez tengamos nuestro equipo preparado. Esta imagen se irá quedando anticuada según instalemos nuevas aplicaciones y actualizaciones de Windows, así que sería recomendable volverla a hacer cada cierto tiempo (dos o tres meses, puede que más).

La copia de seguridad de nuestros archivos deberíamos programarla para que se ejecute automáticamente una vez por semana o así. Personalmente, prefiero el NTBackup de Windows XP/2003, me resulta más fácil de controlar. También tenemos programas especializados de copia de seguridad, como el que viene con Nero, pero para el uso doméstico la herramienta de Windows 7 es suficiente. De todas formas, requiere cierto mantenimiento: de cuando en cuando deberemos eliminar las copias de seguridad más antiguas para liberar espacio (vaya, como con todos…).

He dividido este tutorial en dos partes: una para crear las copias y otra para restaurarla. Con esta introducción hacen tres, por lo que tengo para entretenerme unos días: editar las imágenes, redactar el tutorial, maquetarlo para el foro…

Nos vemos en el Forlon.